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En el panorama de la pintura española del segundo tercio de la presente centuria, cuando se trata de aunar los elementos de la tradición artística más acusada con las resoluciones de las diferentes vanguardias artísticas, una serie de singulares, y aún no suficientemente valorados artífices, se agruparon en torno a la figura de Eugenio D´Ors, en lo que supuso el Salón de los Once, en la década de 1940. Entre ellos, y desde premisas de particular interés, surgía la figura de Pedro Mozos.

Sería, sin duda, el maestro de la crítica de arte en España, Camón Aznar, quien mejor sabría definir el arte de Mozos, donde vendrían a darse las condiciones apuntadas en una perfecta combinación: Mozos suponía la continuidad de la estela goyesca. «Y no porque haya recogido, como Lucas, el fogoneo de su pincelada, la vibración de sus toques; sino algo rnás profundo; el misterio del hombre, el poder de la sensualidad, la sugestión que lleva consigo la alteración de los escorzos. Es la herencia del Goya de «Los Disparates».

Excepcional en la composición, personalísimo en el color y, sobre todo capaz de plasmar en cada uno de sus lienzos ese cúmulo de sensaciones en los que sabe perfectamente resumir, como bien señaló Antonio Manuel Campoy unas admirables propuestas en un misterioso claroscuro costumbrista y sensual, Pedro Mozos es, tal vez, una de las figuras con mayor porvenir en la urgente revisión de nuestro arte en un siglo que ya comienza a ser pasado y al mismo tiempo desde unos planteamientos de modernidad que hacen de su obra una permanente lección de actualidad.

A principio de los 70 fue para mi un honor quedarme finalista con él, con Eduardo Naranjo, Florencio Galindo, y el también desaparecido Tino Grandío, en el primer premio millonario que se celebró en España y había convocado el Círculo de Bellas Artes.

Artista obsesionado por la plasticidad, por los hallazgos, por una técnica plena de características soluciones, pensamos que esta exposición viene a suponer ante todo, una obligada reflexión, y siempre con respuestas positivas, de lo que supuso uno de los momentos más críticos y fecundos de nuestro arte.

Luis María Caruncho Amat
Director del Centro Cultural del Conde Duque
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